Los cambios de actitud, bajar el rendimiento o perder el interés por las aficiones son algunas señales de acoso escolar

 

Detectar que un menor sufre bullying es a veces complicado para su entorno. En los centros educativos, quienes acosan lo hacen asegurándose de que el profesorado no pueda verles. En las familias muchas de las señales que podrían ser un indicativo se asocian a cambios habituales de la edad, sobre todo cuando se trata de adolescentes. Por eso, diferentes profesionales y asociaciones insisten en estar atentos a las situaciones que hacen levantar las sospechas.

No querer ir al colegio o instituto, bajar el rendimiento escolar, perder el interés por las aficiones y tener un cambio de actitud son las señales más alarmantes según los profesionales. Perder objetos, llegar a casa con tus cosas rotas, tener menos apetito o incluso aparecer habitualmente con moratones son también pistas para que las familias y la comunidad educativa comprueben si hay algo que no va bien. “Si coinciden varias es prácticamente seguro que tu hijo tendrá acoso”, asegura la presidenta de la Asociación Valenciana Contra el Bullying (AVALCAE), María Teresa Canet, que considera que “hay que enseñar a los niños a no callarse”.

 

 

El silencio es uno de los principales problemas. La mayoría de menores acosados no cuenta qué les pasa. De esta manera, poder poner la situación en manos de profesionales depende únicamente de que algún adulto lo detecte, ya que rara vez serán los compañeros y compañeras quienes lo digan. “Los testigos son testigos mudos porque no lo van a denunciar por miedo a que les hagan bullying a ellos”, cuenta la psiquiatra especialista en acoso escolar, Mayte Lázaro. “Quien mira y no hace nada no es consciente del daño que está haciendo”, añade la psicóloga Cristina Sarabia. La víctima decide callar y los espectadores se convierten en cómplices de quien acosa. Así, el bullying es en la mayoría de los casos un ataque continuo de un grupo contra una sola persona.

 


 

"Acaban siendo doblemente castigados y se sienten incomprendidos"


 

Dicen quienes se dedican profesionalmente a esto que es imprescindible prestar atención al comportamiento de tus hijas e hijos. “Si no se presta atención a los cambios de actitud se pueden dar situaciones en las que la familia se enfade con el niño, niña o adolescente porque no perciben lo que sus hijos le están queriendo decir”, explica Mari Luz Guillen, trabajadora social. Mari Luz cuenta que hay situaciones en las que llegan incluso a castigarles por esa nueva actitud, por lo que “acaban siendo doblemente castigados y se sienten incomprendidos”, señala para dar explicación al motivo por el que la mayoría deciden callarse.

La mayoría de veces son las compañeras y compañeros de colegio o instituto quienes tienen más facilidad para detectar que alguien sufre bullying. En ese caso, la reacción debe ser siempre dar apoyo a la víctima y no a quien acosa.

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