Tras la donación se produce el fraccionamiento para separar la sangre en concentrado de hematíes, plaquetas y plasma

 

El proceso de donación de sangre no acaba cuando el donante se va. A partir de ese momento deben llevarse a cabo una serie de tareas antes de que la sangre esté lista para distribuirla en los hospitales. Se dice que una donación salva tres vidas. Esta afirmación no quiere decir que la sangre de una persona se reparta entre tres. Se refiere a que cada donación se fracciona y se obtienen tres hemocomponentes distintos, que reciben tres pacientes diferentes.

Cuando se obtienen los 465 ml de sangre de una donación, las bolsas se introducen en unas máquinas que la separan en tres hemocomponentes: los hematíes, las plaquetas y el plasma. “Lo bueno de separar la sangre en componentes es que cada persona recibe lo que necesita”, dice Mabel Ortiz de Salazar, jefa de servicio del Centro de Transfusión de la Comunidad Valenciana en Alicante. Si las transfusiones se realizaran sin llevar a cabo este proceso de fraccionamiento, se daría el caso de pacientes que recibirían alguno de los componentes sin necesitarlos, por lo que se estarían desperdiciando.

 

 

Una vez que se tiene la bolsa en la que hay solo concentrado de hematíes, se procede a la filtración. “Con la filtración vamos a retener los leucos”, apunta Lola Lorente, supervisora del Centro de Transfusión, que explica que “cuando se ha desleucocitado, pasamos al sellado de la unidad”. A partir de este momento se almacenan las bolsas para tenerlas preparadas para llevarlas al hospital cuando se soliciten. “Cuando la sangre se ha analizado, se etiqueta y se separa por grupos, rh y fechas de caducidad. Se almacena en unas cámaras a cuatro grados de temperatura”, señala Lola Lorente.

 


 

"Las plaquetas tienen que mantenerse a 22 grados y en agitación constante"


 

Igual que ocurre con el concentrado de hematíes, las plaquetas y el plasma también se separan. En el caso de las plaquetas, hay un paso más en el proceso. Con las que se obtienen de un solo donante no hay suficiente, así que se hace un pool de plaquetas, que junta este componente de cuatro donantes diferentes. “Las plaquetas tienen que mantenerse a 22 grados y en agitación constante para evitar que se activen”, explica Lola Lorente. Por último, el plasma, que lo recibe quien tiene problemas de coagulación, se tiene que congelar para que se conserve bien. Los tres hemocomponentes tienen fecha de caducidad, por ello es tan importante que haya una buena organización en el almacenamiento, para evitar así que se acabe echando a perder. El plasma es el que más aguanta, pudiendo estar a la espera de su receptor hasta 3 años; las plaquetas van prácticamente directas al paciente en cuanto están preparadas, ya que tienen una caducidad de cinco días; por su parte, los concentrados de hematíes pueden estar en la cámara durante un máximo de 42 días.

Aunque este proceso no lo ve ni el donante ni el paciente, se realiza a diario. El fraccionamiento de la sangre tiene que llevarse a cabo el mismo día que se recoge la bolsa del donante. Con una donación que no dura más de diez minutos se logra cubrir las necesidades de tres personas diferentes. Por eso se dice que cuando donas sangre, salvas tres vidas.

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