Los menores que sufren acoso escolar llegan a los profesionales con baja autoestima y sentimiento de culpa

 

Ante un caso de bullying es muy importante que todas las personas, sean profesionales o familiares, trabajen en conjunto para tratar de poner fin cuanto antes a la situación. Psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales suelen ponerse en contacto con los centros educativos cuando inician el seguimiento del menor. De esta manera, todo el entorno está al tanto de lo que ocurre y se pueden poner más soluciones en menos tiempo.

 

 

Cada caso es diferente, pero según los profesionales hay siempre una característica común: que el menor que sufre bullying tiene la autoestima muy baja. “Solo el 10% detecta que está siendo acosado, el resto no se ven como una víctima, se sienten culpables y vienen con la autoestima por el suelo”, explica la psiquiatra especialista en acoso escolar Mayte Lázaro. Cristina Sarabia, psicóloga, considera que “el objetivo general es eliminar ese sentimiento de culpa y vergüenza”. Cristina trabaja, además de con los menores, con sus familias para darles una serie de pautas que les puedan ser útiles en el día a día. “Los padres y madres no tienen que ser terapeutas pero tienen que tener estrategias para poder hacer un buen acompañamiento”, explica. La directora de la clínica Inicia Sarabia cree que es importante que las familias sepan qué decir y, sobre todo, cómo decirlo. “Se les enseña a intentar evitar frases que puedan malinterpretarse, como ‘por qué te dejas’”, concluye.

 


 

"No son niños malos, la mayoría no saben que lo que están haciendo es acoso"


 

Aunque la atención se centra sobre todo en la víctima, creen los profesionales que es interesante también trabajar con la figura acosadora. La psicóloga Fuensanta Cerezo está convencida de que “deben investigarse las dos caras de la moneda porque los agresores tampoco son felices”. Mayte Lázaro insiste en que “no son niños malos” y asegura que “la mayoría ni siquiera saben que lo que están haciendo es acoso”. Por ello cree que el trabajo con la parte que acosa es tan importante como el que se lleva a cabo con la víctima. Sin embargo los protocolos siguen centrándose solo en una de las dos partes, la de la persona acosada. “Los protocolos deberían centrarse más en los agresores porque tienen más necesidad de ayuda”, dice la presidenta de la Asociación Valenciana Contra el Acoso Escolar (AVALCAE), María Teresa Canet,  que no está de acuerdo con que la solución sea “analizar tanto a la víctima”.

El objetivo final es que el bullying desaparezca tanto de los centros educativos como de internet. Mientras siga presente se debe prestar atención a los menores para tratar de detectar la situación cuanto antes. Ante la primera sospecha, lo mejor es ponerlo en manos de profesionales, ya que aseguran que cuanto más a tiempo se coja y más se trabaje, menos posibilidad habrá de que arrastren secuelas cuando sean personas adultas.

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